Soy Carmen, la Abuela Traveler de Mundo Traveler, y Lanzarote me conquistó la primera vez que vi a mis nietos con la boca abierta delante de un volcán. Es una isla que parece de otro planeta y que, a la vez, se deja recorrer con calma: las distancias son cortas, muchos de sus grandes lugares llevan la firma de César Manrique y casi todo tiene algo que contar. Os dejo mis planes para un viaje de tres generaciones en el que los mayores vayan cómodos y los pequeños no paren de descubrir.

Carmen te cuenta
En Lanzarote los nietos descubren volcanes y los abuelos redescubrimos el asombro.
Un paseo entre formas imposibles en el Jardín de Cactus

Empezaría por el Jardín de Cactus, en Guatiza, la última gran obra de César Manrique en la isla. Está construido en una antigua cantera y reúne cactus de formas y tamaños que a los niños les parecen de cuento, con un molino que preside el conjunto.
Es un lugar para pasear sin prisa y hacer fotos de familia muy bonitas. Tiene escalones y distintos niveles, así que consulta la accesibilidad antes de ir y buscad el recorrido que mejor se adapte a los abuelos.
Jameos del Agua y el Mirador del Río
En el norte, los Jameos del Agua sorprenden a todas las edades: un tubo volcánico convertido por Manrique en un espacio con un lago interior donde viven unos cangrejitos ciegos y blancos que a mis nietos les fascinan. Hay escaleras para bajar y subir, de modo que consulta la accesibilidad antes de ir si alguien tiene movilidad reducida.
Muy cerca está el Mirador del Río, al que se llega en coche. Desde allí se ve La Graciosa y el estrecho que la separa de Lanzarote, una vista para sentarse un buen rato y contar barcos con los pequeños.
Timanfaya sin cansancio, en la Ruta de los Volcanes

El Parque Nacional de Timanfaya es imprescindible, y lo mejor para una familia con mayores es que se recorre sentado. Desde el Islote de Hilario sale la guagua de la Ruta de los Volcanes, que atraviesa un paisaje de lava y cráteres mientras una locución explica las erupciones. Nadie tiene que caminar por el volcán y todos lo vemos desde la ventanilla.
En el Islote de Hilario suelen hacerse demostraciones del calor que sale de la tierra, que a los niños les dejan sin palabras. Consulta horarios y condiciones antes de ir, porque en temporada alta puede haber esperas.
Playa Blanca y Marina Rubicón al atardecer

Para las tardes, el sur de la isla ofrece paseos marítimos cómodos y llanos. El de Playa Blanca bordea el mar y llega hasta Marina Rubicón, con sus barcos, terrazas y tiendas, un lugar perfecto para caminar un rato, sentarse a merendar y ver cómo cae el sol mientras los niños corretean.
Es de esos planes sencillos que al final del viaje todos recuerdan, porque no hubo prisas ni colas, solo tiempo juntos.
Sabores y recuerdos de Lanzarote
La cocina de Lanzarote es sencilla y sabrosa: pescado fresco, papas arrugadas con mojo, queso de cabra y batata. Los adultos pueden conocer La Geria, con sus viñas plantadas en hoyos de ceniza volcánica, y probar los vinos de la isla, mientras los niños se asombran con ese paisaje de muros de piedra.
Para los recuerdos, el timple, la pequeña guitarra canaria, está muy ligado a Teguise, y su mercadillo de los domingos es una buena ocasión para buscar artesanía. Consulta horarios y condiciones antes de ir.
Consejos de Carmen
En Lanzarote el sol y el viento se notan más de lo que parece, así que llevad gorra, protector solar, agua y una chaqueta fina para todos. Agrupad las visitas por zonas, norte un día y sur otro, para no pasar demasiadas horas en el coche, y dejad siempre un rato de descanso después de comer. Si queréis la historia de los pueblos, mi compañero Manuel os la cuenta con todo detalle.
Y recordad lo que siempre digo: los mejores recuerdos de muchos niños empiezan en un viaje con sus abuelos.

