Soy Manuel, el Abuelo Traveler, y tengo una manía: me gusta saber dónde estoy. Gran Canaria es famosa por sus playas, pero quien se queda solo en la costa se pierde media isla. Tierra adentro hay pueblos de balcones de madera, casas excavadas en la roca y plazas donde el tiempo va más despacio. Estos son los que recorrería con calma, con los nietos de la mano y sin mirar el reloj.

Manuel te cuenta
Un pueblo no se visita, se escucha. Siéntate en la plaza diez minutos y verás cómo te cuenta su historia.
Teror, el corazón devoto de la isla
Teror es uno de los cascos históricos mejor conservados de Canarias. Sus calles empedradas están llenas de casonas con balcones de madera tallada, y en el centro se levanta la basílica de Nuestra Señora del Pino, la patrona de Gran Canaria. Los domingos por la mañana, alrededor de la basílica, se monta un mercadillo muy animado donde merece la pena probar el chorizo de Teror, blando y para untar en pan. A los niños les encanta, y a mí me recuerda a otros tiempos.
Tejeda y Artenara, en lo alto de la isla

Tejeda está en plena cumbre, dentro de una gran caldera volcánica, y forma parte de la asociación de Los Pueblos más Bonitos de España. Desde sus calles se ven el Roque Nublo y el Roque Bentayga, y en sus dulcerías se prueban los dulces de almendra de la zona, como el bienmesabe. Un poco más allá está Artenara, el municipio más alto de Gran Canaria, con casas cueva excavadas en la roca que todavía hoy se habitan y una pequeña ermita dentro de una cueva. Muy cerca está Risco Caído, el paisaje cultural de los antiguos canarios que la UNESCO declaró Patrimonio Mundial en 2019. Antes de subir, conviene informarse de cómo y cuándo se puede visitar.
Agüimes y el barranco de Guayadeque
Agüimes, en el sureste, tiene un casco precioso de calles estrechas, con esculturas de bronce que recuerdan los oficios y las tradiciones del pueblo, y la iglesia de San Sebastián presidiendo la plaza. A pocos kilómetros empieza el barranco de Guayadeque, un valle profundo donde los antiguos canarios vivían en cuevas y donde hoy hay casas y hasta restaurantes excavados en la roca. Comer dentro de una cueva es de esas cosas que los nietos recuerdan años después.
Firgas y Fataga, dos paradas con encanto
Si pasáis por el norte, parad en Firgas, la villa del agua. En su Paseo de Gran Canaria el agua baja en cascada por el centro de la calle, y al lado está el Paseo de Canarias, con los escudos y paisajes de todas las islas. En el sur, de camino entre la costa y la cumbre, está Fataga, un pueblito blanco en un valle de palmeras que parece un oasis. Es la parada perfecta para estirar las piernas antes de seguir subiendo.
Consejos del abuelo
Las carreteras del interior son estrechas y tienen muchas curvas. Id sin prisa, parad en los miradores y, si algún pequeño se marea, mejor que vaya mirando hacia delante. En la cumbre la temperatura baja bastante, incluso en verano, así que llevad siempre una chaqueta. Los fines de semana los pueblos tienen más vida, con mercadillos y familias locales comiendo fuera; entre semana, en cambio, tendréis las plazas casi para vosotros. Hay más ideas para organizar el viaje en Gran Canaria en 5 días en familia.
Nos vemos en la plaza del pueblo, que es donde empiezan las mejores historias.

