Soy Manuel, el Abuelo Traveler, y Tenerife es mucho más que playas y un volcán. Es una isla con cinco siglos de historia escritos en sus calles: ciudades que sirvieron de modelo al otro lado del Atlántico, casonas con balcones de madera tallada y pueblos que tuvieron que empezar de nuevo después de una erupción. Estos son los rincones que recorrería con los nietos, sin mirar el reloj.

Manuel te cuenta
Un pueblo no se visita, se escucha. Siéntate en la plaza diez minutos y verás cómo te cuenta su historia.
San Cristóbal de La Laguna, Patrimonio de la Humanidad
La Laguna fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999, y no por casualidad: su trazado, una ciudad sin murallas y con calles en cuadrícula, sirvió de modelo para muchas ciudades que se fundaron después en América. Su casco es en buena parte peatonal y llano, así que se pasea muy bien con carrito. Entre casonas, conventos y la catedral, merece la pena perderse sin rumbo. Y si llueve, a pocos minutos está el Museo de la Ciencia y el Cosmos.
La Orotava y sus balcones

En el norte, en lo alto de su valle, La Orotava conserva uno de los cascos históricos más bonitos de Canarias. En la calle de San Francisco está la Casa de los Balcones, con sus galerías de madera y un patio que parece detenido en el tiempo. Las calles son empinadas, así que con los pequeños conviene subir despacio y parar a menudo. Desde los miradores se ve todo el valle bajando hasta el mar, con el Teide detrás cuando el día está despejado.
Garachico, el pueblo que renació de la lava

Garachico fue el gran puerto del norte de Tenerife hasta que, en 1706, una erupción volcánica lo sepultó. El pueblo se reconstruyó sobre la lava, y hoy es un lugar tranquilo de plazas empedradas, el castillo de San Miguel frente al mar y piscinas naturales formadas por la roca volcánica, El Caletón. Contarles a los nietos que caminan por encima de un río de lava enfriado es de esas historias que no se olvidan. El baño, eso sí, solo con el mar en calma.
El Drago de Icod y el caserío de Masca

Muy cerca, en Icod de los Vinos, vive el Drago Milenario, el ejemplar más famoso de este árbol tan canario, en un parque con plantas de las islas. Más al oeste, en el macizo de Teno, está el caserío de Masca, colgado entre montañas y barrancos. La carretera es estrecha y con muchas curvas, así que hay que ir con calma. El sendero que baja por el barranco tiene hoy el acceso regulado, con reserva previa y entrada, así que conviene informarse en la web oficial antes de planearlo; con niños pequeños, mejor disfrutar del pueblo y sus miradores.
Consejos del abuelo
Para no pasar el día en el coche, yo dedicaría una jornada al norte, con La Laguna por la mañana y La Orotava por la tarde, y otra a la costa noroeste, con Garachico, Icod y, si el cuerpo aguanta, Masca. En el norte refresca y a veces llovizna, así que una chaqueta en el maletero nunca sobra. Tenéis más ideas para organizar el viaje en Tenerife en 5 días en familia.
Nos vemos en la plaza del pueblo, que es donde empiezan las mejores historias.

